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Datos del Pueblo |
Piqueras |
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Pueblo |
Piqueras |
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Municipio |
Piqueras / Comarca: Señorio de Molina |
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Provincia |
Guadalajara |
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Comunidad |
Castilla La Mancha |
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Habt. / Ine 2004 |
58 |
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Ayuntamiento |
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Dirección |
C/ La Loma, 1 |
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Código postal |
19325 |
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Teléfono |
949 841345 |
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Fax |
949 841345 |
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Oficina Turismo |
Contactar con telf. citado |
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Web Oficial |
Piqueras |
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Web de Interés |
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E-mail municipio |
piqueras@local.jccm.es |
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Historia 1886 |
Villa con ayuntamiento propio de la provincia de Guadalajara, de la audiencia de Sigüenza, del partido judicial de Molina y de la Capitanía general de Madrid de cuyos puntos le separan respectivamente, las mismas distancias, próximamente, que desde Adoves, Alcoroches, Alustante, Tordellego y Traid, entre cuyos pueblos se halla enclavada. Su Iglesia parroquial de primer ascenso dedicada a Nuestra Señora de La Asunción, tiene el techumbre de madera, un armonium, que hace las veces de órgano, y buenos ornamentos sagrados, legados la mayor parte, de un canónigo de Zaragoza, hijo de la villa. El curato, carece de casa rectoral, su escueta de ambos sexos está dotada con 500 pesetas anuales, casa y retribución. A media hora del pueblo, está la única ermita que posee éste, dedicada a San Fabián y Sebastián, y próximo ella, el despoblado de Piqueruélas, con su buena fuente, además de otros innumerables y ricos manantiales de esquisitas aguas, que hay esparcidos en el término. Tiene también un puente costeado por el Sr. Canónigo indicado, y dos molinos de represa, uno próximo a la villa y otro en el sitio que llaman la bujeda. Posee hermosos pinares, chaparro y otras matas, y varios sitios con cimientos de solidez y restos de edificios, que denotan haber existido allí, diferentes castillos y pueblos enteros. Los primeros lo mismo pudieron ser fundados por los moros, que cuando los castellanos y aragoneses, tenían construidas tantas fortalezas, especialmente en el limite de estos dos reinos. Así se creyó por mucho tiempo, hasta que, en cierto modo, se salió de dudas el año 1876, escavándose el sitio, que llaman el Castillejo, y encontrándose huesos y fragmentos de vasijas y una moneda de cobre, en donde, a duras penas, podía leerse la palabra Roma. Por esto, pues, se infiere, que dichos cimientos y restos de murallas y fortificaciones, deben provenir de haber habido en Piquéras, alguna colonia romana, y quién sabe si serian algunos pueblos, aunque no tan importantes como Numancia, en Soria y Sagunto en Valencia, que fueron abrasados por las llamas destructoras de la dueña, entonces, y señora del mundo? Nadie puede asegurarlo, porque eso mismo sucedió a tanto y tantos otros pueblos de nuestra nación, de los cuales la historia nada nos dice, por más, que aunque hoy estén sepultados en el polvo del olvido, en aquellas sangrientas guerras, se llenaron de gloria y de laureles. Situada Piquéras entre un pequeño riachuelo,
que la divide en dos barrios, y vertiente de varios cerros, sobre
terreno montuoso, árido y accidentado, y con clima frío, esta villa
podía justificar que su término, reúne todas aquellas bellezas
poéticas que tan inspiradamente nos trasmitieron los ingenios
antiguos, en donde el sol se eleva por el horizonte, llenando el
espacio de vivos reflejos, de varios matices; y trae para flor de su
dehesa, para cada hoja, para cada vástago, un aderezo de gotas de
rocío; que brillan a los rayos del sol, lo mismo que las perlas. Las
flores levantan su tallo y abren su corola para recibir la brisa de
las arrebatadoras mañanas de primavera; porque así como la aurora
vivifica y alegra la creación entera derramando a torrentes su luz
bienhechora, el suelo de Piquéras, difunde por todas partes
torrentes de vegetación, felicidad y ventura. No es Piqueras, sin embargo un lugar agrícola; recoje algunos productos elementales de agricultura y nada más; sino que es un pueblo cuyos pastos y montes sintetizan riqueza inmensa é inagotable si el aprovechamiento fuera bien dirigido; una reunión de 90 vecinos, que viven llenos de privaciones, junto a un Potosí, que no saben ó no les es dado explotar; un pueblo pobre, miserable, en donde el padre de familia, no habita sino la mitad del año, y en donde la madre regresa del campo al toque de oraciones, enlodada hasta la cintura, ansiosa de encender bajo tosca chimenea, la lumbre, que ha de enjugar su ropa y sus miembros, para dar al hijo de su alma, un apretado abrazo, al mismo tiempo que baña con sus lágrimas, la frente del tierno infante, que le pide pan, y no tiene para darle… Corresponde Piqueras al arciprestazgo de Tordesilos y al centro de Conferencias de Alustante, donde concurre con Adoves.
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Arte y Monumentos: |
